Ana Gil nos presenta su nuevo trabajo fotográfico

ANA GIL (Ourense, 1973)

Danza contemporánea, escultura, fotografía y performance, así como la literatura son algunas de las pasiones y expresiones de esta artista. Su tesis doctoral ”El hogar como exilio latente. Aproximación al espacio doméstico de desasosiego en la creación artística contemporánea”, está muy vinculada a su obra artística y es resultado de una profunda investigación sobre las relaciones de poder y control en la familia y en el hogar.

Ana, eres Licenciada en Filología Hispánica, te has formado en danza contemporánea, y eres Doctora en Bellas Artes, ¿cómo se funden todos estos conocimientos en tus trabajos?

Tanto la literatura como el arte, han sido realmente mis dos vocaciones determinantes. Por cuestiones complejas, casi contextuales que serían largas de abordar, opté por matricularme inicialmente en Filología y posponer el estudio de las Bellas Artes al momento en el que terminara esta primera licenciatura, y así fue. Tenía claro que las dos formaciones, iban a ser determinantes en mi vida, y tan sólo tuve que decidir cual vendría primero y cual después, pero siempre simultanée ambas actividades: mientras permanecía matriculada en Filología en la USC, estuve acudiendo a clases de pintura en Santiago de Compostela con el artista Xurxo Martiño, realicé cursos de fotografía y enseñanzas de danza que me ayudaron mucho para desarrollar posteriormente mis acciones performáticas, etc. Y a la inversa: una vez que ya trabajaba como profesora de Literatura en la escuela pública, solicité destino cerca de Pontevedra, preparé mi acceso a la Facultad de BB.AA. de la Universidad de Vigo, estudié el doctorado y posteriormente, realicé mi tesis doctoral. Evidentemente fue posible gracias a mucho sacrificio e incluso, no niego, a cierto coste personal.

Siempre han coexistido estas dos actividades y creo que van a continuar coexistiendo sin necesidad de establecer fracturas o incompatibilidades entre disciplinas artísticas, porque así me lo inculcaron mis mejores maestros. Mi formación no fue académica ni convencional, sino humanística y sinérgica ya desde el instituto, a través del que fue mi profesor de literatura, Manuel Zabal. Él nos enseñó otra manera de mirar el mundo, y sobre todo, a entender la conexión de la vida con todas estas disciplinas, profundamente ligadas entre sí: la filosofía, el arte y la literatura, y a no concebir la enseñanza de ninguna de ellas, sin la complicidad o la negación de las demás.

 

Te conocí a partir del tema común que compartimos en nuestras tesis: el hogar como un espacio que en lugar de protección se puede convertir en un infierno violento. Piensas que el patriarcado sigue aferrándose a seguir encabezando el dominio de la familia y del hogar?

Detrás de mi reflexión artística siempre se repite un paradigma, cuyos elementos pertenecen indiscutiblemente al territorio de lo íntimo y lo doméstico. Concretamente en los trabajos centrados sobre la casa y el hogar, mi relato pretende abordar todos esos simulacros que se ocultan tras la apariencia de una feliz convivencia familiar, y que producen en definitiva, la alienación de los seres más desvalidos y más vulnerables que habitan en el seno del hogar: las mujeres, los niños, los enfermos, los ancianos, etc. Trato de demostrar, que la familia funciona como un instrumento ideológico como cualquier otro, con sus mismas estrategias y sus mismos elementos, mientras se alimenta de una proyección al exterior, que en muchos casos, no se corresponde con la real. Creo firmemente que el espacio en el que el patriarcado ejerce su dominio con mayor virulencia en la actualidad es precisamente en el espacio privado (el hogar, las relaciones familiares o de pareja…) porque es el espacio en el que puede permanecer escondido, oculto o silenciado con mayor facilidad debido a la ausencia de observadores externos o “fuertes”.

 

Nuestra revista electrónica Submergentes, además del arte quiere resaltar los feminismos que siguen siendo una lucha y una tarea pendiente en las políticas de todos los países. En tu opinión ¿el feminismo sigue vigente? ¿Crees que ya está superado como afirman a menudo desde distintos ámbitos sociales, alegando que ya hemos alcanzado la igualdad en derechos en esta sociedad?

La afirmación de que “ya hemos alcanzado la igualdad” sólo se la he escuchado decir a quienes se encuentran en una posición de dominio o a quienes ven peligrar su hasta ahora, intocable cuota de poder.

 

¿Qué opinas de la frase “Lo personal es político”? ¿Cómo lo resuelves en tus trabajos artísticos?

No me interesa lo personal en el sentido exhibicionista, me interesa lo personal a partir del momento en el que encuentra reflejo en los otros. En el instante en el que se produce esa conexión del “yo” al “otro”, se produce el vínculo político (de polis, de ciudadanía). Me gusta siempre recordar las palabras del escritor Juan José Millás, que dice: “se escribe desde el conflicto”. En mi caso, de manera rotunda, se crea también, siempre desde el conflicto interno y muchas veces desde el dolor intenso.

Pero más allá de los evidentes elementos autobiográficos que pertenecen a mi memoria personal, me interesa su conexión directa o indirecta, con otros componentes biográficos que extraigo del relato de personas cercanas, de relatos literarios o de testimonios extraídos de recortes en prensa, que nos  invaden todos los días en el sentido de la intrahistoria entendida como el relato no oficial de la condición humana. Esa intrahistoria de lo privado es tan política como la historia de lo público, pero es también mucho más despreciada por las estructuras de poder.

 

¿Consideras que denominarse “artista feminista” todavía sigue siendo subversivo?

Lo subversivo es una actitud que implica romper con lo establecido. No estoy segura de que la mayoría de las “performances con pretendida intención feminista” a las que vengo asistiendo como espectadora en los últimos años, y que se proponen para amenizar eventos, conmemorar fechas relevantes de cara a la mujer o inauguraciones de ferias o galerías de arte, realicen una pretendida intención subversiva, más bien me parece que en ocasiones, fomentan un entretenimiento quasi institucional, “el deleitare” (delectare horaciano)” de la retórica en la edad media. Lamento ser tan dura con estas palabras.

La subversión tampoco tiene porqué ser necesariamente provocadora en cuanto espectáculo mediático, pero lo que está claro es que el sistema se está apropiando de las actitudes peligrosas, integrándolas en su estructura como una manera de debilitar su potencial amenazante.

Mientras haya códigos que empoderan a los mecanismos de alienación, la subversión está legitimada. Mientras haya desigualdad, el feminismo está legitimado. Pero es posible que los lenguajes o las formas para llevarlos a cabo, deban de cambiar. Repetir el modelo de “performance” realizados en los años 70 que se llevaban a cabo en plena calle y sin permiso de las autoridades, para imitarlas ahora con la firma previa del concejal de urbanismo del ayuntamiento o en el marco de una feria de arte, no es exactamente lo que yo entiendo por subversión.

 

Actualmente que proyecto tienes entre manos. Puedes hablarnos un poco sobre él.

La práctica de la performance la llevé a cabo en un momento vital en el que mi modo de comunicación, necesitaba un contacto piel contra piel con el espectador. De un tiempo a esta parte, cada vez he ido necesitando establecer una relación más íntima y menos explosiva con el público. Mis piezas fotográficas responden al deseo de ofrecer esa posibilidad de discurso.

Después de ocho años volcada en la reflexión sobre el espacio doméstico y los conflictos parentales, por cuestiones de estricta terapia personal, he precisado escapar de ese relato para adentrarme en otros territorios igualmente simbólicos pero desarrollados concretamente, a través de escenarios de paisaje exterior.

El eje de mis preocupaciones artísticas siempre ha girado en torno al concepto de resistencia. Mis series fotográficas sobre el hogar o los simulacros de la familia como estructura de opresión, encierran un discurso claro sobre la invisibilidad de los elementos débiles en cualquier estructura de poder y sobre la exteriorización de su resistencia en la adversidad. En este momento, llevo un par de años adentrándome en ese concepto de resistencia, abandonando el territorio común de la casa y desplazándome hacia el exterior, concretamente, mediante la captación del paisaje.  Estoy trabajando en la elaboración de varias series a partir de elementos como el humo, la niebla o las sombras, para intentar expresar mis constantes obsesiones en torno a la soledad, la tendencia a ser aniquilado o desaparecer en un entorno hostil mediante esa oposición de fuerzas entre lo visible y lo invisible, lo expuesto y lo subexpuesto, la resistencia o la desaparición.

El paisaje en estos nuevos trabajos constituye la excusa: el espacio ha cambiado, pero las obsesiones permanecen.

Web de ANA GIL

Catálogos online de sus trabajos

Sin duda, es un trabajo artístico que recomendamos visitar.

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