Performance de Myriam Moreno en El Cabanyal

Vanitas Pilorum  es la performance realizada por la artista Myriam Moreno, durante el Festival #Fem Tour Truck organizado por Alejandra Bueno y que se ha desarrollado en La Fábrica de Hielo.

Myriam Moreno Martinez, (1990, Valencia) trabaja desde distintas técnicas artísticas como pueden ser performance, escultura, objeto, instalaciones, pintura, collage y joyería artística.  En su trabajo el concepto es tan importante como el soporte. Los materiales empleados tienen una gran importancia, poseen una energía propia. Utiliza materiales orgánicos como madera, huesos, insectos… Cada elemento aporta una esencia concreta

Ha realizado distintas exposiciones: La Nada, el Infinito (2010), Muros (2011), Suave (2012), y Serpientes en la piel entre otras.

Vanitas Pilorum es tu primera performance?

“Vanitas pilorum” no es mi primera performance aunque sí ha sido la primera que he hecho en directo sola. Anteriormente he intervenido en grupo o he reproducido una video-performance grabada en la intimidad de un estudio. El formato es completamente diferente, hasta ahora mis trabajos de arte de acción había sido mucho más íntimos, la cámara y yo y en algunos casos otra persona tras la cámara. Esta acción estaba también pensada y realizada como video-performance. Ha sido interesante para mí el buscar un modo en el que el espectador se sintiera incluido en la acción y no fuera un objeto pasivo. Es por ello que en esta segunda versión en vivo de “Vanitas Pilorum” incluí un espejo.

Myriam Moreno
Myriam Moreno

Puedes hablarnos de ella, cómo surge la idea, por qué centrarla en el pelo?

La idea surge de mi día a día. Mi pelo es uno de los rasgos físicos mas representativos que forman parte de mi identidad. Nos guste o no hay rasgos físicos que nos representan y alrededor de los cuales conformamos nuestra identidad y personalidad. Mi relación con mi cabello ha tenido muchas etapas, llegué a odiarlo y manipularlo constantemente. Es un rasgo que marca la diferencia, no es lo mismo ser rubia que morena, que tener el pelo liso o rizado, o como dicen por Latinoamérica, crespo. Y es que yo he crecido, al igual que muchas otras niñas, con el bombardeo constante de que mi pelo era incorrecto, despeinado y fuera de control.

Recordemos esos pelos lacios y coletas bien apretadas que se llevaban en los 90. Esto ha cambiado en la última década, pero aún hay anuncios como los de Fructis que siguen emitiendo este tipo de mensajes, sin ningún tipo de control o de filtro en como pueden afectar a un gran número de mujeres en un país donde tener el pelo rizado no es precisamente una rareza. El desconocimiento de como debe ser tratado, peinado o cortado incluso por muchos profesionales es una frustración constante que me ha ido acompañando.

Fue en la universidad cuando dije basta y empecé a hacer las paces con él, a gustarme tal y como es y a jugar con él en vez de intentar manipularlo/manipularme. Aunque el cabello largo ha sido y es una imposición o rasgo diferenciador entre hombres y mujeres, para mí el dejarlo largo y sin control es una manera de dejarle ser, de ser yo misma. No soy caucásica y se lo que ha sido crecer sabiendo que no estaba en los cánones de belleza del momento, borrar o cortar esa parte de mi vida no lo veía como una opción válida. Mi pelo forma ya parte de mi identidad.

El emplearlo en realizar una performance no era una idea nueva, pero terminó de configurarse a raíz de un comentario de un compañero, “pierdes tanto pelo que hasta podrías hacer joyas con él”, surgió la idea definitiva. No lo tiraría más, el cabello que queda en el cepillo es también parte de mí, tiene algo que contar y también es bello. Me cuestionaba así como un elemento que significa belleza y feminidad (por su largura) podía causar de un momento a otro repulsión. Esos sentimientos de atracción-repulsión siempre me han parecido muy interesantes, como la cultura, la sociedad, puede distorsionar la manera en la que vemos las cosas según su contexto. En el siglo XIX las piezas de joyería con cabello de la persona amada eran de lo más usual, también su relación con la muerte y lo efímero distaba mucho de la contemporánea.

En “Vanitas Pilorum” quiero reflexionar, a través de estas ideas, nuestra percepción actual de la mujer y la feminidad, completamente basada en la juventud y unos rasgos específicos. ¿Nos hemos olvidado de lo efímero de la vida y la belleza? ¿Cuántos tipos de belleza hay? ¿Nos hemos olvidado de la belleza de la madurez femenina? ¿A cuántas mujeres causa angustia esta carrera a contrareloj, en contra de nuestros propios cuerpos?

Y así, con este bagaje personal y con estas reflexiones surge “Vanitas Pilorum”, una performance y una serie de joyería contemporánea.

Myriam, desarrollas tu obra de joyería desde una perspectiva de género ¿puedes desarrollarnos el por qué?

Surge desde el momento que ésta se coloca y es pensada desde el cuerpo. Nuestra sociedad conforma el género en base al cuerpo y concretamente en base a los genitales. Alrededor de estos se manipulan una serie de rasgos: a las niñas se les perfora las orejeas (¡qué gran deuda tiene que pagar la joyería por esto!) y a los niños se les mantiene el pelo corto. Así desde la mirada del otro conformamos nuestra identidad.

La joyería pues, no sólo esta ligada intrínsecamente al cuerpo, sino que además expresa las diferencias entre individuos, marcando las diferencias entre status, orígenes y género. Es por ello que desde una perspectiva contemporánea y consciente la joyería es el medio idóneo para tratar temas relacionados con cuerpo, identidad o género. Es labor de la joyería subvertir sus significados, servir de arma para cambios sociales.

Myriam Moreno
Myriam Moreno

Siendo que las joyas principalmente las lucen mujeres, pueden tener una ideología patriarcal en su diseño?

La joyería tiene y ha tenido siempre una ideología patriarcal en su diseño. Como apuntaba antes ha servido como elemento diferenciador entre hombres y mujeres, claro está con variaciones e incluso contradicciones según culturas. Precisamente esta relación entre joya-feminidad ha llevado a la concepción errónea de joya-decoración. Ni la feminidad es una cuestión de pomposidad y superficialidad ni la masculinidad tiene o ha tenido siempre que ver con la sobriedad y la relevancia.

Pero no hay que ser ingenuxs o derrotistas, esa ideología patriarcal está en todos los elementos que conforman nuestra cultura. Es el papel del feminismo subvertir estos discursos y llevar todas y cada una de las partes que conforman nuestra sociedad hacia la igualdad. El feminismo lleva irremediablemente hacia la reflexión de nuestra propia identidad y como ésta se conforma ¿por qué un hombre no puede llevar una joya?. ¿Por qué una joya no puede contar tanto o más que cualquier otra disciplina artística?

Myriam Moreno