Trece razones por las que deberíamos hablar de esto

No, éste no es un artículo al estilo “lista de la compra”. Trata un tema que puede resultar incómodo o incluso molesto, puede que exista gente que considere que hiere sensibilidades o que incluso puede ser peligroso. Hablar del suicidio y el temido efecto Welther, un tabú que al romperse, al contrario de lo que suele creerse, podría salvar muchas vidas. Y es que resulta que el suicidio es la primera causa de mortalidad en el mundo en las jóvenes de entre 15 y 19 años. El acoso escolar, una identidad sexual no asumida, el consumo de alcohol y drogas o haber sufrido abusos sexuales son algunos de los factores de riesgo entre los adolescentes.

Sin embargo, una buena noticia para las personas que prefieren no hablar de este tema, el suicidio no es el tema principal de este artículo, ni creo que lo sea de la serie y libro homónimo Por trece razones o Trece razones por qué de Jay Asher, en la que se basa. Una de las series recientemente lanzadas en el portal en español de Netflix. Ésta narra la historia de Hannah Baker, una joven que decide quitarse la vida por trece razones. Trece personas, trece recuerdos grabados en casetes y compartidas con sus protagonistas en una especie de cadena que puede parecer macabra pero acaba, en cierto modo, siendo liberadora. No, la muerte de Hannah Baker tiene que ver directamente con una sociedad machista, con la cosificación de las mujeres que comienza en la adolescencia. Una lista, un comentario de los compañeros: “el mejor culo”. Un ritual que podemos ver repetirse en todos los centros de educación secundaria, también de nuestro país, el ritual de los “machitos”: Observar a las compañeras como si fueran presas o ganado del que deleitarse, jactarse de haber tocado o “cazado” a una de ellas. Comportamientos aprendidos, absorbidos por unos cuerpos cambiantes y mentes frágiles que precisan de un acompañamiento, de un apoyo profesional y sensible. Y no, los orientadores no son suficientes y mucho menos cuando no existe una concienciación de género entre estos mismos profesionales. No son “cosas de adolescentes”, son actos que tienen como consecuencia la culpabilización de las jóvenes y pueden desembocar en abusos y agresiones sexuales. Otro de los estigmas de nuestra sociedad, la banalización de la violación, una cultura que en cierto modo anima a nuestros chicos a acometer actos que marcarán para siempre, en mayor o menor medida, a sus compañeras y sus propias personalidades.

Aquí, en Valencia, se ha firmado esta misma semana en el Centro del Carmen el Pacto Valenciano contra la Violencia de Género y Machista. Por lo que nos cuentan a través de la prensa parece que no está del todo configurado pero sí nos adelantan que tendrá un importante impacto en nuestros centros educativos. Aunque esperanzador, personalmente me preocupa que vuelva a centrarse en la responsabilidad de las chicas, como ha sucedido con las recomendaciones de los cuerpos de policía en cuestiones de prevención de violaciones en mujeres adultas. No, la solución no está en seguir educando a nuestras jóvenes en el discurso de siempre. No importa la ropa que lleven, no importa que beban, no importa que vayan solas, lo que importa y es preocupante es que nuestros chicos siguen pensando que pueden hacer lo que les venga en gana precisamente por como ellas vistan, beban o no haya nadie para ayudarlas. Estos chicos serán hombres adultos, que sin la debida corrección reincidirán. Un primer paso puede ser precisamente algo que anticipan en uno de los citados artículos, el hablar de las  nuevas masculinidades. Y es que en cierto modo, el problema recae sobre nuestros chicos, pues a día de hoy parece que el destacar una “hombría”, muy estereotipada, es su único camino. E irremediablemente, es un sendero que lleva directamente a menoscabar y cosificar a sus compañeras, “objetos” de los que deben apropiarse y controlar para terminar este ritual, el de convertirse en “hombres”.

El desgarrador momento en el que los padres encuentran a Hannah muerta.

Para evitar cierto romanticismo del suicidio el equipo decidió mostrarlo explícitamente. Un momento desagradable y doloroso. Con toda su crudeza y sin censura.

Volvamos a Hannah, la protagonista de esta historia, la joven que decide contar póstumamente por qué ha perdido las ganas de vivir poco a poco. Hablemos de ella, porque está muerta. Hablemos de ella porque es una verdad tan incómoda que nos obliga a cuestionarnos que está mal en la sociedad. Y aunque Hannah y esta historia se enmarquen en Estados Unidos, no es tan distinta a la de muchas jóvenes españolas, francesas, danesas, australianas o de cualquier chica de un país desarrollado (desgraciadamente hay lugares donde el proceso de niña a mujer es mucho más problemático) cuyo final no ha sido tan dramático, pero sí igual de doloroso. La historia de Hannah es también la de quien ha sufrido tanto y siente tanta culpabilidad por las agresiones externas, como si ella misma fuera la causa del problema, que decide quitarse del medio. Y es que es imperativo eliminar de una vez por todas la culpabilización de las víctimas. Hablemos de Audrie Pott, gracias al documental Audrie y Daisy (también disponible en Netflix), un reportaje que muestra la cruda realidad, la injusticia en violaciones y acoso entre menores. Porque si hay algo que no podemos ver en Trece razones por es el impacto que tienen las redes sociales entre las adolescentes y por lo que tienen que pasar las víctimas de abusos cuando deciden denunciar. 

Trece razones por dista de ser excelente pero por fin trata un tema tan delicado desde una perspectiva decididamente femenina y puede hacer entender a los jóvenes que todos somos responsables de nuestros actos, que cualquiera puede ser un “abusón” y que en una sociedad sexista las jóvenes lo pasan peor. Una palabra o una lista tonta puede desencadenar en un infierno en vida para algunas de sus compañeras. A pesar de tener algunas carencias, como en consistencia de los personajes y recursos narrativos, es una serie con una marcada perspectiva de género y que merece ser vista sobre todo, si tenemos hijas o hijos adolescentes, en familia. Es momento de hablar del tema, es la edad idónea, es cuando podemos cambiar las cosas.

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